Manu, sin duda, es uno de los refugios más increíbles, alejados y prístinos de vida salvaje del planeta, su gran extensión atraviesa frígidas punas, que sobre pasan los 4,000 m.s.n.m; agrestes montañas boscosas que dan origen a una multitud de pequeñas quebradas y valles; bosques nublados de selva alta y finalmente el llano amazónico. Este magnífico y único escenario incluye un amplio y complejo sistema hidrográfico que garantiza la presencia de una diversidad de ecosistemas poco intervenidos por el hombre, incluso es uno de los pocos lugares en el mundo donde aún existen algunas comunidades nativas nómades ancestrales de NO contactados.

Dentro del parque hay zonas de uso exclusivo para la ciencia, el turismo, la recreación y otras donde no ingresa nadie para preservar y mantener ese hábitat sin contacto con el ser humano “civilizado”.

Pero el Manu, no solo guarda raras y especies únicas, o ecosistemas en delicado balance, sino también alberga restos de patrimonio arqueológico camuflado por la espesa y densa vegetación, como piedras de andesita con misma forma en variedad de tamaños y diseños similares a las del Cusco,  y muchas otras aún no reveladas, ya que la influencia cultural ancestral llegó hasta estas zonas.

Algún día descubriremos tal vez en el Manu la ciudad de “El Dorado”, vieja leyenda que se convirtió en mítica ciudad perdida que nadie ha podido ubicar y a donde los Incas según tradición oral, llevaron el oro y el regalo de los Dioses, el Misterioso Disco Solar, de cuya existencia sabemos por la copia a escala que los conquistadores españoles encontraron en el Qorikancha del Cusco y fue finalmente fundida para repartija.

Si desearamos encontrar una nueva palabra que por sí sola signifique mega-biodiversidad, multi eco-sistémico, magnificente,  prístinos escenarios y vida más allá de la conocida por la ciencia, esa palabra sería MANU.