Capital del Virreinato del Perú, expresión máxima de la época y del poderío Colonial de España, gracias a las riquezas halladas en suelo Latinoamericano; Lima la de tendencias como las arquitectónicas y urbanísticas de los últimos casi 5 siglos, con su afán constante de ser no sólo capital sino también ser considerada moderna al igual que muchas de sus pares europeas, y seguidora de modas por su rol protagónico, hoy nos muestra también características de ese Perú mega diverso y mega cultural.

Lima, al igual que la nación que representa, es de profundas raíces religiosas que la sostiene siempre, para no perderse en ese devenir de nuevas corrientes a veces altisonantes y que clama ante San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima su protección, guía y cuidado.

Lima, la de la procesión del Cristo moreno en el mes morado, con paso lento y estilo balanceante al compás del canto suplicante, emerge entre humos inciensos y brasas anticuchos, la chicha morada calma al picante y los picarones con miel de higo para endulzar el alma.

Lima, la de las Jaranas interminables con guitarra, cajón, quijada y cucharas, la que al vals de Viena y Polka de Praga, le puso ritmo criollo y hoy como antaño brinda entusiasta con Pisco Sour que derrite y encanta.

Todas las sangres se mezclan, todos quieren dejar su huella imperecedera y allí muchas veces las posiciones se contraponen, sin embargo, el punto de encuentro es la gastronomía, donde Lima gracias a las migraciones, transculturizaciones, tradiciones y mezclas diversas, desde hace muchas décadas ostenta el título de Capital Gastronómica de América y hoy afanada trabaja incansable para elegir un monumento que la identifique mundialmente, pero ésta vez a diferencia de todas, el monumento será inmaterial, simplemente ser sinónimo de gastronomía en el mundo...